La teoría y metodologías del diseño industrial o de producto pueden ser de gran valor para estudiar y forjar esta relación íntima entre el ciudadano y la ciudad, el habitante y su hábitat,
pues a lo largo de su historia, esta disciplina ha estudiado desde distintas perspectivas las relaciones del individuo con los artefactos que corresponden a la escala humana (ergonómica), es decir una escala en la que se establece un contacto táctil y/o visible de forma directa.
Muchas corporaciones que hacen parte de la ciudad se han beneficiado de los conocimientos del diseño pues éstos les han permitido generar en sus clientes sensaciones positivas como: la empatía y la credibilidad, una apreciación satisfactoria de los productos aún a pesar de las desventajas que éstos mismos pueden presentar, un compromiso a largo plazo con la marca, etc.En resumen, el diseñador puede ser un elemento fundamental para obtener una buena actitud o relación entre el cliente, el producto y la empresa. De manera análoga, podríamos estudiar las posibilidades del diseño urbano colocando en este modelo a los actores ciudadano-cliente, ciudad-producto y empresa-gobierno.
La ciudad es definitivamente un gran espacio de trabajo para diseñadores industriales. En países como Venezuela, donde la industria de productos manufacturados es bastante limitada, las ciudades aparecen como un campo natural para la actuación profesional de especialistas en diseño industrial. Los dispositivos, objetos y productos que pueblan la topografía visible del paisaje urbano, los elementos mobiliario urbano, son el territorio para el proyecto, para las propuestas. 

No hay comentarios:
Publicar un comentario